Bruselas no está entre las capitales más interesantes de Europa. Sin embargo, tiene algunos lugares dignos de ser vistos. La Grand Place (o Grote Markt, en flamenco), era antiguamente un mercado y hoy es la plaza principal de la ciudad. Está rodeada de edificios históricos, algunos de ellos -como el Ayuntamiento o la Casa del Rey- de la época medieval. Y en general todas las construcciones de la zona respetan el estilo arquitectónico antiguo, con pisos altos, elegantes cúpulas y enormes fachadas. El suelo de la plaza, completamente adoquinado, se cubre cada dos años de una gigantesca alfombra de flores de 75 x 25 metros. Con más de medio millón de begonias, se producen inmensos dibujos, ideales para apreciar desde las alturas. Esto ocurre todos los años pares, en agosto. Es decir, un mes antes de que yo llegara.
Algunas iglesias también merecen una visita: la catedral de San Miguel, cerca de la Estación Central, tiene un estilo gótico muy bonito; la iglesia de San Nicolás, al lado de la Grand Place, ofrece un constraste de estilos, producto de las diferentes refacciones a las que fue sometida durante más de seis siglos; la iglesia de Nuestra Señora de la Capilla (Notre Dame de la Chapelle) es de las más antiguas de la ciudad, y en el siglo XIII se convirtió en un lugar de peregrinación, al afirmarse que había allí algunos fragmentos de la Cruz de Cristo (hecho que no me consta, pero quién va a objetar una leyenda de siete siglos).
El monumento emblemático de la ciudad es el Manneken Pis. Así como en París tienen una torre de más de 300 metros, acá tienen una pequeña estatua, de algo más de medio metro, de un niñito orinando. Debo admitir que cuando uno lo ve por primera vez, la imagen resulta algo desalentadora.
* * *
Brujas, en cambio, es una ciudad hermosa por donde se la mire. Apenas bajé del tren, dejé mis cosas en el hostel y alquilé una bicicleta. Todo el mundo ahí va en bici, así que yo subí a la mía y empecé a recorrer el casco antiguo, con sus entradas amuralladas, sus calles adoquinadas, sus molinos de viento, sus construcciones bajas de estilos medieval y neogótico, los numerosos canales que atraviesan la ciudad, y los muchos puentes que atraviesan los canales. El nombre flamenco de la ciudad es Brugge, derivado de Brug, que significa “puente”.
La plaza Burg tiene un estilo bastante parecido a la Grand Place de Bruselas. También está rodeada por edificios históricos, como el Ayuntamiento -una inmensa construcción gótica- o la Basílica de la Santa Sangre, que amén de tener un exquisito estilo arquitectónico, posee un campanario desde cuya altura pude disfrutar de una vista maravillosa de la ciudad.
