El Día Primero Dios creó el Huevo. Y no era éste un huevo convencional, a pesar de que el concepto de lo convencional no había sido aún inventado, ni tampoco había sido inventado huevo alguno antes que éste; es más, nada se había creado antes que el Huevo.
Y el Huevo estaba desierto, mas Dios puso asientos reclinables en él, y cuchetas en su fondo, y una mesa de timba, para el eventual caso de que fueran creados luego jugadores compulsivos. Y Dios incubó el Huevo, y al instante Pablohuevo rompió el cascarón y asomóse al mundo. Y dijo Dios: “No es bueno que Pablohuevo esté solo, no le van a dar las manos para autoabastecerse”. Y le quitó Dios una costilla a Pablohuevo, y de la costilla fue que se formó Pablomandryl.
Y el Día Segundo vio Dios que los Pablos no tenían a quién transportar en el Huevo, y creó Dios a los Mochileros. Y fue que estuvieron creados los Mochileros que al tiempo comenzaron a socializar, y comprendieron el uso de la mesa de timba, y de los sánguches de fiambre y milanesa, y de las cuchetas, las cuales compartieron en gran número y con excesiva promiscuidad.
Y en el Día Tercero intuyó Dios que los Mochileros eran ya capaces de independizarse del Huevo, y los bajó a patadas, y los alimentó con panchos y huevos convencionales, de forma que comenzaron a crecer grandes protuberancias en las espaldas de ellos, y ya nunca pudieron deshacerse de ellas, y Dios llamó a las protuberancias “mochilas”, en honor a los Mochileros que deberían cargar con ellas hasta el día del Juicio Final.
Y al Día Cuarto llenó Dios las mochilas de todos los Mochileros. Y puso ropa en ellas, y puso también galletitas y arroz y polenta y panes, los cuales se multiplicaron cual peces. Y en vista de la gula, pereza, envidia, soberbia, ira, lujuria y algún otro pecado que venía consumiendo a los Mochileros, los expulsó Dios del Paraíso cercano al Huevo, y los condenó a vagar eternamente entre lagos y rocas (los cuales, de más está decirlo, habían sido creados un par de días atrás). Y encomendó Dios a Pablomandryl la noble tarea de guiar a los Mochileros. Y dijo Pablomandryl: “Pep… Pero, ¿por qué yo? … ¿cómo podré hacerlo?” Y le ordenó Dios que cerrara el pico y se limitase a obedecer. Y fue que comenzaron a vagar los Mochileros tras los pasos de Pablomandryl, cargando Mochilas en sus malogradas espaldas, y fue que cruzaron bosques, y sortearon valles, y vadearon ríos y tuvieron frío. Y por la noche intentaron los Mochileros dormir a la intemperie. Y se enfureció Dios ante tanta vanalidad y les envió la primera tormenta, y los mandó a dormir a las carpas.
Y en el Día Quinto continuaron los Mochileros su ardua travesía. Y les puso Dios un tronco en su camino. Y lo montaron los Mochileros con gran temor, y sortearon finalmente el río, mas los hombres de la comunidad nunca pudieron dejar descendencia a causa de dicho tronco. Y volvieron a acampar los Mochileros, y por la noche volvieron a acostarse a la intemperie, y nuevamente se enfureció Dios ante tanta promiscuidad, y otra vez envió a la Tierra las aguas divinas que obligaron a los Mochileros a regresar a sus carpas, de forma que los Reyes Magos de Belén tuvieran vía libre para dejar sus burbujeros sin ser observados.
Y fue al Sexto Día que no resistieron los Mochileros la tentación de la gula, y fue que las fuerzas del Mal se presentaron en forma de asado, y no pudo siquiera Pablomandryl, el guía designado por Dios, resistir ante tamaño invite. Y engulleron chori con chimichurri, y fue que lo acompañaron con un tinto barato, y fue que Dios rompió en ira al ver semejante orgía gastronómica, y preparó entonces un duro castigo para esa tarde. Y fue en esa tarde que subieron los Mochileros el Cerro del Gran Bonete, o alguno de esos. Y Dios volvió a tronar sobre los Mochileros, y ni siquiera los llantos desesperados de Pablomandryl lograron aplacar su ira, y envió Dios tremenda cantidad de agua sobre los Mochileros y sobre sus mochilas y sobre todo el contenido de sus mochilas, incluidas sus carpas y bolsas. Y fue que las mochilas pesaron mucho más que lo que habían pesado unas horas atrás, y fue que los Mochileros sintieron entumecerse sus dedos, y el frío los envolvió hasta sus entrañas. Y halló Pablomandryl un improvisado camping, hasta donde guió a los Mochileros. Y no podían los Mochileros desarmar sus Mochilas, a causa de sus dedos entumecidos. Y mojadas estaban sus ropas, y mojadas estaban sus carpas, y mojadas estaban sus bolsas. Y se preguntaron los Mochileros qué carajo hacían en ese inhóspito lugar, quién los había mandado, y por qué habían creído en la palabra de Pablomandryl. Y se preguntó Pablomandryl: “¿Por qué insisto con estas locuras? ¿Qué espero para madurar, comprarme un traje y convertirme en agente de bolsa?”. Y fue que se guarecieron todos en sus carpas, y en sus interiores se enfiestaron los Mochileros para soportar las bajas temperaturas. Y en vista de que las aguas ingresaban poco a poco por los bordes de las carpas, debieron los Mochileros apilarse en el medio de ellas. Y fue que llegó la noche, y fue que los Mochileros durmieron como el culo.
Y fue al Séptimo Día que Dios no lograba serenarse, y continuó azotando a los Mochileros con un violento temporal. Y dijo Pablomandryl: “Dios, ¿no es que acaso deberías descansar en el Séptimo Día?”. Mas Dios se enfureció ante tamaña insolencia, y fue que desvió Dios el río hacia la carpa de Pablomandryl. Y condenó Dios a los Mochileros a pasar otra noche en el infierno.
Y en el Octavo Día estaban los Mochileros desesperanzados. Y la claustrofobia logró apoderarse de algunos de ellos, mas el frío les impidió salir. Y fue que algunos Mochileros lograron sortear el encierro e improvisar una rápida visita al baño, y fue que sus partes más íntimas se congelaron e inutilizaron. Y lograron los Mochileros respeto mutuo y diplomacia a pesar de la situación adversa. Y fue que Pablomandryl ya no supo con qué sobornar a Dios para que terminase de una vez con el castigo a su pueblo, y otra noche hubieron de pasar los Mochileros en las mismas condiciones.
Y al Noveno Día fue insoportable el hedor contenido en el interior de las carpas. Y tampoco soportaron los Mochileros la pasta que se les hubo formado en los dientes. Y dijo Pablomandryl: “¿Qué les parece si nos vamos aunque caigan soretes de punta?”. Y no terminó la frase que los Mochileros ya tenían todo armado y pronto para la partida. Y fue que se pusieron en fila y comenzaron un lento descenso. Y fue que Dios, al ver su castigo cumplido, decidió asomar el sol nuevamente. Y vieron los Mochileros cuán pequeños eran a los ojos del Creador, y cómo eran manejados cuál marionetas. Y esta vez fue el calor que dificultó la bajada. Y resbalaron los Mochileros en la nieve y en las rocas y en el barro y en las aguas, mas ninguno garpó luego las cervezas prometidas. Y fue tras un largo caminar que al caer la tarde hubieron regresado los Mochileros al punto de partida. Y cruzaron la pasarela, y divisaron el Huevo, y sintieron gran alivio y en él se guarecieron. Y fue que apareció Pablohuevo, quien había sido designado por Dios para cuidar del Huevo. Y fue que al caer la tarde, los Mochileros fueron depositados en un albergue, en el cual cenaron manjares pizzáceos, dando tremendo placer a sus paladares. Y fue que también dieron placer a sus almas al pasar por primera vez bajo una ducha. Y fue que algunos Mochileros debieron rasquetearse la mugre con una espátula y aun así no lograron expulsarla del todo. Y por la noche condujeron los Pablos a los Mochileros hacia los infiernos del alcohol, y fue allí que Dios envió a Johnny Páez a conversar con los Mochileros, y así aprendieron los Mochileros cómo se debe vivir. Y fue más tarde que los Mochileros probaron por vez primera los placeres de un colchón.
Y al Décimo Día decidieron los Mochileros independizarse de Pablomandryl. Y se dirigieron los Mochileros hacia La Angostura. Y compraron elementos para picnic, y se sacaron los ojos por unas fetas de bondiola. Y recorrieron el pueblo, y poblaron sus alturas, y saborearon helados de gustos estrafalarios. Y regresaron al albergue, y volvieron a lastrar como Dios manda. Y fue al caer la noche que se dirigieron los Mochileros hacia su antro de perdición, y fue que los Mochileros se mamaron y bailaron en forma ridícula e impresentable. Y volvieron los Mochileros al Huevo.
Y el Día Último pasaron los Mochileros en el Huevo. Y nuevamente socializaron y timbearon y tomaron mate y durmieron y jugaron chancho. Y fue por la noche que fueron los Mochileros despedidos por los Pablos, y depositados en una hostil urbe, en la cual permanecen cautivos, por los siglos de los siglos, soñando con la vuelta al Huevo, al útero divino.
